Escena 14: La capa ya no se lleva…

Luis, el mentor de nuestro protagonista, decide hacerle una visita pasándose por la oficina…

TÚ: ¡Luis! ¡Qué alegría volver a verte! ¿Cómo estás? Me han dicho que te iban a prejubilar, ¿estarás exultante no?

LUIS:  Más bien con miedo si te soy sincero, incertidumbre… me siento muy joven todavía para vivir una vida llena de hobbys, me gusta mi trabajo, disfruto con él y pensar  que ya no voy a trabajar es como si me dijeran que debo dejar de hacer un deporte que me apasiona.

Bueno, ¿a ti cómo te va?


TÚ: pues la verdad que un poco agobiado, me encuentro en una situación que no sé muy bien cómo gestionar… Uno de mis colaboradores más jóvenes no acaba de adaptarse al equipo, no quiere centrarse en sus funciones y valoro mucho sus ganas e iniciativa, pero descuida mucho sus responsabilidades principales y los clientes están muy descontentos con él. Se lo he comentado varias veces, y no mejora, es más, ya no disimula su insatisfacción y frustración y su actitud ha empeorado.

Y si no fuera poco, en una de nuestras reuniones, le dije que había presenciado ciertos comentarios fuera de tono con otros compañeros y que no querría que volviera a pasar. Ahora los demás vienen y me reprochan habérselo contado, diciéndome que son lo suficientemente grandes para arreglar sus problemas, qué no hay que magnificar las cosas y que el pobre chaval lleva un disgusto enorme. Yo pensé que era mi role ayudar y no consentir broncas dentro de mi equipo, y resulta que los que quiero defender ahora me reprochan el haber intervenido y parece que ahora el que les montaba broncas cada dos por tres es una pobre víctima del ogro de su jefe…o sea yo…¿el mundo al revés!

LUIS: Es decir, si he entendido bien, uno de tus colaboradores “trataba mal” a otros compañeros. Y tú, en modo Superman, fuiste a protegerlos diciéndole con todo tu poder, que dejara de hacerlo o que se atuviera a las consecuencias. Y resulta que contra todo pronóstico, los demás se enfadan contigo, diciéndote que te has pasado, que no es para tanto y que ellos son lo suficientemente mayores para gestionar este tipo de circunstancias y que el pobre chaval está hecho polvo. ¿Es así?


TÚ: más o menos… ¿no te parece surrealista?

LUIS: una pregunta…”¿por qué no cuelgas la capa roja en el armario?”


TÚ: ¿¿Eh??

LUIS: Si, ¿qué ganas con ello? , si todos tus colaboradores son mayores y responsables ¿para qué sientes la necesidad de ayudarle en un conflicto de estas características?


TÚ: no sé, para tener paz en la oficina, para ayudar… para sentirme buen jefe…

LUIS:  y tus colaboradores ¿cómo estaban antes y cómo están ahora? ¿Cuándo te pidieron ayuda?


TÚ: pues lo cierto es que no me la pidieron, y ahora están bastante más cabreados de lo que estaban antes, y claro contra mí, porque no querrían esa ayuda, consideran que he empeorado las cosas.

LUIS:  Lo que me acabas de comentar, esa “relación a tres bandas”, es algo muy habitual en las interacciones humanas y se conoce como el triángulo de Karpman, en la que determinadas personas actúan como Perseguidor, Salvador y Victima, y como has podido comprobar todos vamos pasando por los 3 roles.


TÚ: ¿y cómo puedes evitar caer en ese triángulo?

LUIS: pues antes de nada, tomando consciencia de ello y actuando para no seguir con esos roles, fomentando la comunicación asertiva, gestionando los conflictos y sobre todo la responsabilidad de las partes. Porque en este tipo de relaciones cada uno puede encontrarse cómodo, desde el poder que puede sentir el perseguidor, la comodidad de la víctima al sentirse protegido y desde el bienestar que siente el Salvador al salvar el más débil castigando al perseguidor…


TÚ: ni me lo imaginaba, entonces el resto del equipo no quiere ser víctima, esto es bueno…

LUIS: te mandaré más información sobre este tema, pero es uno de los juegos peligrosos en los equipos. No sobreprotejas a tu equipo, cuando sobreproteges a una persona, le estás impidiendo crecer y desarrollarse, ya que le privas de la posibilidad de superar esa situación.

Recuerda que la mejor manera de cuidar el equipo es empoderarles para que sean capaces de superar sus diferencias entre ellos, sin necesidad de recurrir al jefe. El líder no tiene porque ser un salvador, debe favorecer relaciones sanas en sus equipos, lo cual implica fomentar un entorno en el que todos pueden resolver los conflictos entre ellos. Solo en última instancia, cuando lo intentaron todo entre ellos entonces puedes intervenir. A esto, mi pequeño superboy, se le llama “escalonamiento limpio” …


TÚ: me dejas atónito Luis, no has pensado en hacerte coach cuando estés prejubilado?

LUIS: pues lo estoy barajando, me voy a formar en los próximos meses… puede ser una salida profesional interesante.

PROPUESTA 14: Fomenta la responsabilidad en tu equipo,  toma consciencia de algunos juegos psicológicos.

Algunos datos sobre el triángulo de Karpman: 

Stephen Karpman es un psicólogo discípulo de Eric Berne, uno de los padres de la Analisis  Transaccional que identifica tres roles que se pueden dar en las relaciones interpersonales. Si bien algunas personas son expertas en profundizar en un role determinado, todo ser humano es susceptible de pasar por los tres roles, incluso en un periodo de tiempo muy breve (una conversación por ejemplo).

El Perseguidor suele actuar con agresividad (entendido de manera amplia: verbal, no verbal, emocional o física), sigue su propio interés, quiere cubrir sus necesidades por encima de todo, no le importa el sufrimiento ajeno (en ese momento de la relación).

El Salvador entiende su relación con los demás desde la ayuda,  le gusta ayudar, proteger, sobreproteger incluso sin ser solicitado, necesita víctimas que salvar para sentirse útil. Una actitud que en ocasiones se vuelve contra él y a menudo se queja de que los demás se aprovechan de él.

La Víctima está entre el Perseguidor y el Salvador, por eso se sitúa en la parte baja del triángulo, porque está “por debajo” de ambos. Traslada queja, incapacidad, indefensión, fragilidad, debilidad, a veces por ser una forma de ser aprendida, otras veces por manipulación, encuentra en ese juego una forma para ser el centro de las atenciones.

El intercambio de roles es muy fácil, rápido y sutil.  Veamos algunas frases propias de estos roles:

  • “No le vuelvas a hablar de este modo, que no me entere” (el Salvador al Perseguidor, convirtiéndose a su vez en perseguidor).
  • No te preocupes, yo lo voy arreglar, no estás preparado para afrontar esta situación (El Salvador a la Víctima)
  • “con todo lo que he hecho por ti y así me lo agradeces (el Salvador a la Víctima, convirtiéndose a su vez en Perseguidor).
  • “Oye te has pasado, tampoco fue para tanto, mira cómo está ahora (La Víctima, convirtiéndose en Salvador de su Perseguidor inicial y Perseguidor de su salvador inicial).
  • “¿¿Por qué no me quieres ayudar?? Si a ti no te cuesta nada, eres cruel y me estás perjudicando…” (una Victima habitual convirtiéndose en perseguidor de una persona que no quiere ser Salvadora).
  • ¡Qué inútil eres! no haces nada bien (Perseguidor a su Víctima)

Para salir, o no entrar en ese juego psicológico, es fundamental tomar consciencia del mismo y de los distintos roles que asumimos.

Una correcta gestión emocional permitiría al perseguidor transformar la agresividad en asertividad.

El salvador puede ayudar enseñando, empoderando, responsabilizando a la “victima” de su situación, y rechazando conscientemente asumir ese papel (lo cual, si la víctima no quiere asumir ese cambio, puede derivar en una persecución por parte de la víctima inicial hacia el salvador inicial por no haberle prestado el tipo de ayuda que quiere). No querer ser Salvador no implica no querer ayudar a los demás, la diferencia es bien conocida: ¿enseñas a pescar o regalas pescado?

La víctima necesita tomar consciencia de que puede respons(h)abilizarse de su vida y de los desafíos a los que se enfrenta, que no necesita ser víctima para ser, ni aparentar serlo para conseguir lo que se propone. Lo cual no significa renunciar a nuestra vulnerabilidad, se puede pedir ayuda sin ser víctima. Lo que distingue a la víctima es que renuncia al protagonismo de su vida.

No dar pie a la implicación de un salvador, gestionando el conflicto con el perseguidor. Sin Salvador, no hay triangulo. Queda una relación tóxica en la que la Victima debe asumir la responsabilidad de su role en la relación con el perseguidor.

Pongámoslo en práctica: Piensa en situaciones en las que has asumido un determinado papel, en tu vida privada y profesional.

Sitúate en cada uno de esos roles y contesta a las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué beneficio sacas actuando de ese modo?
  2. ¿En qué te perjudica actuar desde ese role?
  3. ¿Qué impacto tiene en los demás cuando actúas bajo ese role?
  4. ¿cómo te ven las demás personas cuando actúas bajo ese role?
  5. ¿Cómo te gustaría que fuera esa relación sin interferencias del triángulo?
  6. ¿Qué 4 cosas puedes hacer que te acerquen a ese modelo de relación deseado?
  7. Te invitamos a que realices el coste beneficio de estos cambios para ti? ¿y para tu relación con los demás?

Si quieres profundizar en el tema, no dudes en consultar el libro “El triángulo dramático de Karpman” de Gill Edwards (puedes ver la portada en la sección de bibliografía).

Ilustraciones  Fernando Viejo-Fluiters 

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